Por último, para muchos, Navidad es el «cumpleaños» de Santa Claus o de San Nicolás o del Olentzero.

Sin embargo, olvidan el verdadero motivo de la Navidad, que es recordar la llegada de nuestro Salvador.

Olvidan el verdadero sentido de la Navidad, que no es otro que agradecer el amor que Dios manifestó a la Humanidad al enviar a su Hijo para que asumiera el castigo que debía recaer sobre cada uno de nosotros.

Olvidan que el verdadero centro de estas fiestas, al igual que lo debe ser de nuestras vidas, es Cristo y su Evangelio.

Y esto es algo que nosotros no debemos olvidar nunca.

Por supuesto que podemos celebrar Navidad descansando, estando en familia o intercambiando regalos.

Pero el centro de todo, el motor de la Navidad, debe ser el mensaje de Cristo viviendo en nuestras vidas.

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