LA INTROSPECCIÓN O EXPLORACIÓN INTERIOR.

¿Quién soy verdaderamente? No quien quiero ser o como quieren que sea, ¿Quién siento que soy?, ¿Cómo es realmente el ser que habita dentro de mí?, ¿Qué voz está deseando salir de mi interior, para ser escuchada? ¿Qué necesita mi ser? No mi ego. Todo esto tiene que ver con nuestros valores personales (no los socialmente impuestos), con nuestras verdaderas motivaciones (nuestro perfil motivacional), nuestro temperamento (esa tendencia a ser que no ha venido dada), y con nuestro potencial, esa capacidad de ser y de llegar a ser, lo que todos queremos, para dar la aportación al mundo, y que sea reconocida como valiosa.

ESTABLECER METAS Y OBJETIVOS.

¿Qué es lo que el ser que me habita quiere hacer en la vida? ¿Qué le apasiona? ¿Qué le hace vibrar? ¿Qué hace encender su ira cuando no ve en el mundo aquello que quiere ver? ¿Por qué quiero luchar? ¿Para qué quiero hacerlo? Detrás de estas preguntas se esconden las respuestas a nuestro propósito de vida, aquello que es verdaderamente importante y significativo, para nuestra vida y nuestro ser. Vivir cada día en nuestro propósito supone tener el hábito de fijar objetivos que encaje con él.

AMAESTRAR NUESTRA ATENCIÓN Y NUESTRA VOLUNTAD.

Una vez que hemos conectado con nuestro verdadero ser, con nuestro propósito y con nuestro objetivo, no debemos distraernos, ni apartar el foco de él. Las tentaciones, distracciones, dudas, nuevas oportunidades serán constantes. A los estímulos que estamos sometidos hace peligrar constantemente nuestra atención y nuestra voluntad. Escucha y observa, pero mantén vivas en tu cabeza siempre estas preguntas ¿Esto nuevo que me llega me acerca o me aleja de mi objetivo? ¿Esto que me proponen, que me dicen, me mantiene en mi camino o me aparta de él? ¿Esto que voy a hacer encaja con quién soy? No desperdicies tu energía en temas, acciones, oportunidades, personas, relaciones, o proyectos, que te aparten de tu propósito.

APOSTAR POR NUESTRO POTENCIAL.

Olvídate de hacerlo todo tú, de querer hacerlo todo bien, de ser perfecto, de demostrar que puedes con todo. Concéntrate en hacer aquello en lo que realmente eres bueno, poténcialo y llévalo al máximo nivel. Lo demás, busca en quien delegarlo, busca quien te complemente, o gestiónalo hasta el nivel necesario para que no te genere problemas. El tiempo que dedicas a ser perfecto, infalible e imprescindible lo estas quitando de ser realmente único y hacerlo ver. Comienza por preguntarte ¿en qué eres bueno? ¿Dónde eso aporta valor?. Y dirige tus esfuerzos a ese campo de juego, no te empeñes en querer jugar en todos los sitios, todos tenemos nuestro lugar, la clave de la plenitud en la vida es encontrarlo. Como dice Ken Robinson, «vivir en nuestro elemento»

PRACTICAR EL ARTE DEL EQUILIBRIO.

Somos un conjunto de necesidades que están luchando de forma constante por imponerse unas a otras. Necesitamos estar solos y tener nuestro margen de independencia y libertad, pero también necesitamos sentirnos queridos, acompañados, y comprendidos por otros. Tenemos diferentes roles que demandan diferentes comportamientos. Hay diversas facetas en nuestra vida que requieren ser atendidas. El punto de equilibrio entre nuestros distintos roles, áreas de la vida y necesidades varían, pero somos nosotros que los establecemos y luego tenemos que mantenerlos. Sin equilibrio la vida se resquebraja.

¿En qué punto de mi vida estoy en este momento? ¿Dónde quiero que esté mi punto de equilibrio? ¿Cómo voy a lograrlo? Al final se trata de un tema de asignación de tiempos y, por tanto, de establecimiento de prioridades. Decide tu orden de prioridades y el tiempo que le asignas para hacer realidad tu punto de equilibrio.

MANTENER UNA ECOLOGÍA EMOCIONAL Y RELACIONAL.

Nadie es emocionalmente autosuficiente, todos necesitamos rodearnos de un círculo de relaciones que nos proporcionen un afecto sano, que nos aporten y en las que aportemos. La mayor parte de nuestra energía se genera o destruye en las relaciones con los demás. Las relaciones que construimos deben estar basadas en una generosidad inteligente, yo te doy lo que tengo. Con mi aporte genero interés y también recibiré un aporte valioso. Si no hay enriquecimiento y crecimiento mutuo en una relación no es una relación sana, porque sería una relación desequilibrada. Si yo soy el medio para que tu consigas tus deseos o satisfagas tus necesidades, sin tener en cuenta las mías, no es una relación ecológica, y nuestra emocionalidad se verá resentida. No se trata de dar lo mismo, precisamente las relaciones existen porque nos aportamos mutuamente cosas diferentes, pero en ese intercambio tiene que haber un equilibrio y un beneficio mutuo, sino nuestra ecología emocional se pone en riesgo.

Practica la limpieza emocional y relacional de forma habitual. Aléjate de las relaciones que son ficticias, interesadas, insanas, y que no te hacen crecer. Las reconocerás por las emociones que se despiertan de forma continua cada vez que estas con esa persona. Ya sea el tipo de relación amorosa o sencillamente convivencia con los demás.

PRACTICAR LA AUTONOMÍA DE ELECCIÓN Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN.

No dejes que elijan por ti, que decidan por ti, ni con buena ni mala intención. No dejes que te solucionen tus problemas, ni que te ayuden cuando no lo pides. Tú eres quien está al mando de tu vida, quien realmente sabe lo que necesitas. Eres responsable de tu vida, y eso implica elegir, y asumir las consecuencias de la elección. Di No cuando quieras decir NO, di SI cuando quieras decir SI, no calles cuando no estás de acuerdo, no permitas cuando no quieras permitir. Elegir sabiamente es elegir de acuerdo con lo que nuestro ser necesita, a lo que nos ayuda a lograr nuestro propósito en la vida, y a alcanzar los objetivos que nos marcamos. Este tipo de elección sabia solo la puedes hacer tú, no hay nadie más capacitado para ello. Cuando decides en base a lo que otros quieren, piensan, u opinan o para agradarles o satisfacerles, estás renunciando a ti.

No te calles, expresa lo que sientes, lo que quieres, lo que necesitas y lo que opinas. Es la única forma de llevar la vida que queremos. Eso sí con empatía, respeto y asertividad, pero no te calles, no ahogues tu voz, porque con ello estas ahogando tu ser. Estoy convencida de que la mayor parte de dolores físicos y enfermedades tienen mucho que ver con acallar nuestra voz. “El cuerpo grita lo que la boca calla”.

Si estas enfadado/a, decepcionado/a, molesto/a…. exprésalo con razones y asumiendo que es tu enfado, tu decepción y tu molestia. No esperes que te lo solucionen otros, ni incluso que lo compartan, pero tu exprésalo.

ACTUAR CON CONSCIENCIA Y RESPONSABILIDAD.

Sin acción no hay cambio, ni hay logros, ni hay plenitud. La mayor parte de las frustraciones e insatisfacciones derivan de vivir en las intenciones, quejas y deseos, en vez de hacerlos realidad o cambiarlos a través de la acción. Actúa en base a decisiones sabiamente elegidas, se consciente de lo que eliges, para qué y por qué, se consciente de lo que haces y de los efectos, resultados o consecuencias que genera. Asume con responsabilidad esos efectos, resultados y consecuencias, porque están derivados de tus elecciones y acciones, y al final eso es lo que somos, y esa es la vida que tenemos. Somos el resultado de nuestras elecciones y de nuestras acciones.

Concéntrate en hacer aquello que depende de ti, que está bajo tu control directo, porque lo demás no entra en tu área de influencia, e implica esperar sentado a que las cosas pasen cuando las decidan o hagan otros. Y ya se sabe que «el que espera, desespera». Pon el foco en lo que puedes hacer y hazlo, y olvídate de lo que no puedes, salvo que lo puedas cambiar y, entonces, ya sabes: actúa, cámbialo.

No pierdas de vista esta secuencia: objetivo-elección alternativas-decisión-acción-reflexión y, vuelta a empezar. Si te saltas algún paso o la interrumpes te impide llevar una vida plena.

PARAR Y CONTEMPLAR.

Parar coger aliento, para oxigenarnos, para contemplar cómo estamos, còmo nos sentimos, por dònde vamos, si vamos bien o vamos mal, si nos estamos apartando del camino, si hay algo que no está encajando. Parar practicar la introspección, para conectar con nuestro propósito, para escuchar nuestra voz, para elegir sabiamente, para expresarnos asertivamente, para focalizarnos, para equilibrarnos. Fueron muchos: “Para”, pero no importa cuantos usemos mientras sean necesarios.

Concédete un tiempo, para observarte, para ser consciente, y elegir bien el próximo paso, por muy pequeño e insignificante que este te parezca.

Está bien parar varias veces al día, a la semana, al mes y al año. Las paradas que hagas serán de menos o de larga duración, según la intensidad con la que vas, no se trata de la velocidad en la que vienes, ni del nivel de desorden en el que te encuentras si no de la intensidad con la que vas dando cada paso. Detente y obsérvate en el pasado inmediato, en el presente y en el futuro. ¿Esto que he hecho es lo mejor que podría haber hecho? ¿Cómo estoy aquí y ahora? ¿Esto que voy a hacer es lo mejor que podría hacer ahora? ¿Cómo encaja y contribuye todo ello con mi ser y con mi propósito?

Y recuerda que en cada situación por la que estés pasando, siempre llegara un momento en el que sientes que ya no puedes más, y será totalmente normal, y ese será el momento que necesitas para recordarte de que estas hecho, y jamás te subestimes, mucho menos dejes que alguien lo haga. Cree en ti, como te gustaría que alguien mas lo hiciera, trata en la mejor medida de ser la persona con la que te gustaría encontrarte en esta maravillosa vida.

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1 comentario

  1. ¿Cuál es la esencia de un pingüino ?

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